Desilusiones de la noche tucumana

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(Artículo de opinión)

 

Tres y cuarenta y cinco en el reloj. La banda principal sonando…y se prenden las luces. Se corta el sonido. Decepción entre la gente, bronca y huida masiva hacia alguna otra fiesta…o regreso patético a la casa.

Esta fue la tónica de varios recitales que se dieron en transcurso de éste año en la ciudad capital de Tucumán. ¿Una mezcla culpas? ¿Mala programación?

Experiencias hubo muchas; hace años Pablo Molina, Kapanga y otros artistas lo sufrieron en su paso por esta provincia.

Cuando el 17 de julio de este año la banda “estrella” del indie porteño “El mató a un policía motorizado” dio su accidentado recital en Pollock, los culpables fueron los dueños del boliche. “Lo del dueño  ésta noche fue increíble, un personaje desagradable que esperamos no volver a ver. Gracias a todos los que fueron, por el cariño y la buena energía a pesar de todos los inconvenientes. Esperamos volver pronto y encontrar un buen lugar para que todos la pasemos bien hasta el final” publicó el grupo en su perfil de Facebook luego del fallido concierto. Cortarle el sonido en la mitad del tema es algo increíble y repudiable sin lugar a dudas.

Promediando octubre los cordobeses de Los Cocineros traían sus recetas infalibles de ska, cumbia y música retro de gran nivel, llenando de fervientes bailarines la Fiesta Picante junto a Mano e mono en el Nesta Club. Pero solo alcanzaron a tocar treinta y cinco minutos. La razón: se acercaba la “hora de tope”, el fatal toque de queda para la noche tucumana.

El 17 de noviembre la Fiesta Convergente prometía hacer sonar la mística andina y el reggae de La Yugular en la Teatro de La Paz. Su actuación duró poco más de cuarenta minutos; antes habían tocado los locales Flor de Mamaní y Guru. Las luces se prendieron en la histórica biblioteca cuando faltaban 15 minutos para las cuatro y las quejas fueron inánimes. Todos afuera.

Por un lado, la polémica Ley de tope horario 4 am. pone en jaque a las producciones culturales anticipándose incluso en la clausura a la hora convenida; por otro, le cabe a la impericia de muchos productores de dichos espectáculos la responsabilidad, cuyas cabezas están más atenta a la calculadora que a ponerse en el lugar del espectador que pagó una entrada y quiere disfrutar un show. Ni qué hablar de la actitud de los dueños de Pollock…un horror.

La dirigencia política juega su parte en esto; al círculo vicioso que implica manejar a su antojo los permisos y clausuras de lugares y eventos, se suma la ridiculez autoritaria que obliga a cerrar la noche tempranamente sin tener en cuenta siquiera que muchos artistas, productores, sonidistas, plomos, mozos, etc trabajan en la movida del espectáculo. Y que ésta puede ser vista incluso como un atractivo turístico de envergadura. Ni qué hablar desde la perspectiva de la cultura: es una vergüenza que siendo Tucumán el polo artístico que históricamente fue (y sigue siendo, a mi entender, en calidad y cantidad de producciones) tenga que sufrir situaciones como éstas que lo sumergen en el pozo del desprestigio a nivel nacional, jugando con la desilusión de quienes gustamos de ver buenos recitales en vivo.

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