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Entrevista a Esteban Cerioni

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Entrevista a Esteban Cerioni

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Pocos tienen un currículum tan vasto como él. A sus 57 años, Esteban guarda en su prodigiosa memoria todo el bagaje que vivió durante su carrera, primero como melómano aficionado, luego productor, bajista y vocalista. La Piedra, Mandrágora, Redd, Trigémino, Meridiano, Demolatino, Fitzcarraldo en Italia, Trilogía, entre muchas otras fueron sus bandas en las cuales puso no solo su talento para las cuatro cuerdas, sino también mucho de su corazón.

Así da inicio nuestro diálogo, lleno de recuerdos mágicos, musicalizado por Esteban desde el archivo histórico que contiene su computadora. El foco de la entrevista está en la década de los ’70, tiempos de inicios del rock tucumano y argentino.

Efectoburbuja: Sabemos que “Tristes noticias del imperio” fue el primer disco  que grabó un grupo tucumano, ¿pero quiénes lo hicieron anteriormente?

Esteban Cerioni: Los que venían desde fines de los 60 eran Los Sabuesos (donde estaba Luis Albornoz y “Papucho” Díaz), pero quienes grabaron un simple fueron Los Bang (Hugo Marcantonio, Negro Palacios, Raúl Barallo, Humberto Rava y Perico Migliorini), en 1970 y por otro lado Los Fantasmas (Oscar Imhoff, Juan Escalante, “Palo” Buriek, entre otros) que graban en 1971. Por esa época surge La Pequeña Banda de Trícupa, que debutan en B.A.ROCK en 1971, y que fue una fusión entre Los fantasmas y Los sabuesos, que eras quienes venían tocando mucho sobre todo en los colegios secundarios y teatros. A todos los mencionados se les suma Roberto Giambastiani, que fue quién les inyectó todo el fermento creativo que alcanzó a tener Trícupa. Luego de Redd, pasarían casi diez años para que otra banda grabara otro disco (Flux, en el año 1986).

E.B.: ¿Entonces se puede decir que el debut de Trícupa en el Festival  “B.A.Rock” en el ’71 marcó un antes y un después para Tucumán…?

E.C.: Efectivamente. Cuando actuó Trícupa en BaRock, sorprendieron tanto que cosecharon comentarios favorables de músicos importantes, como los músicos de Arco Iris, y también de parte de Rodolfo García (Almendra, entre otros) Los de Alma y Vida también quedaron deslumbrados con los tucumanos. Como será, que cuando ellos fueron a Buenos Aires (porque existía la posibilidad de que grabaran con Jorge Alvarez) fueron hospedados por Alma y vida, en lo que era su sala de ensayo. Entonces hubo otros grupos que quedaron en segundo plano: Los Band, también Teorema (donde estaba Lolo Esquinazi, uno de los dos mejores cantantes tucumanos sin dudas, el otro es Imhoff). En ese festival estuvo un solista también, que era Jorge Pío, que se presentó acompañado por Rody Gil (guitarrista de Teorema), y estaba también Ana María “Timy” Frías, que también fue seleccionada para ir a BARock, pero su madre no la dejó ir (tenía 14 años). Ahí comenzó lo de hacer música propia, porque los Bang lo hicieron de manera tardía, pero esta generación ya estaba con eso en la cabeza.

E.F: ¿Y dónde tocaban estas bandas, en el circuito local? ¿En qué ámbitos?

E.C.: En bailes locales. Incluso Trícupa, que durante 2 o 3 años eran “habitués” del Club Las Lomitas, que hacían muy buenos covers también.

E.B: ¿Y cómo fue tu inicio en la música, como fan?

E.C.: Mirá,  yo soy el más joven de la movida aquella. Para esa época tenía 14 años, y tampoco me dejaban ir a recitales. El primer recital que vi fue en Buenos Aires en febrero de 1970, en los bailes de carnaval, que tocaban Los Gatos (con Pappo). Era la época que hacían “Beat n°1” y de “Rock de la mujer perdida”; Pappo muriéndose de calor con su clásica ropa de cuero, y Lito Nebbia, vestido de piel de zorro (risas) que cantaba con dos micrófonos. Mientras los otros hacían los solos, Lito se sentaba al borde del escenario a firmar autógrafos, y yo fui uno de los cholulos que iban para que les firme…Después de eso empecé a asistir a los recitales locales en Tucumán. No recuerdo por qué no vi Almendra (a fines de 1970); también vino Vox Dei (original), que ahi también tocaron Los Bang.  Más adelante, en el Club Estudiantes presentaron “La Biblia”, que fue el primer recital realmente grande en esta ciudad. Otro lugar donde traían bandas era el Instituto Técnico. En 1972 Arco Iris tocó en el Teatro San Martín. Allí hablé con Santaolalla y (risas) no es una anécdota muy feliz…justo la banda se había cambiado de sello, de RCA a Music Hall; él le decía a la gente que no compren el disco de RCA (se ve que no cobraban las regalías) y yo ingenuamente le dije que a mí me gustaba más la versión de RCA…Santaolalla me fulminó con la mirada  y me dijo “¡Pendejo, no entendés nada!” (risas)

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E.B.: ¿Y tus comienzos como músico? ¿Cómo conociste a quienes formaban tu primera banda, La Piedra?

E.C.: Yo comencé tocando “La Biblia” de Vox Dei en una misa, ese fue mi debut. A partir de ahí empecé a meterme en bandas; me habían regalado una guitarra FAIM (y muestra la foto, de 1973). Aquí están los chicos de La Piedra y Rody Castro. Él había participado en una obra de teatro con Trícupa, que se llamaba Calígula, y tocaban en vivo durante la obra. Y uno de los temas fue el germen de lo que después resultó “Matinee” de Redd. Un día apareció Rody por mi casa, buscando a un amigo, que le habían dicho que estaba en mi casa. La cuestión es que se quedó, vio mis discos…siempre mi colección de discos fue la que me abrió las puertas…y ahí me invitó a tocar. Solo que se dio cuenta de que yo era un guitarrista mediocre, pero podía ser un buen bajista. Yo tocaba los bajos con la guitarra. En la navidad del ’73 se hizo un gran evento en el Parque Guillermina: “Navidad progresiva del ‘73”  que duró todo el día. Allí debutó Trícupa como cuarteto (sin batería), pero inmediatamente después de ellos empezó a llover y no pudimos debutar con La Pared. Por esa época no tenía bajo aun, iba a pedirle prestado a Papucho Díaz. En febrero de 1974 me llamaron para ir a tocar al Casino de Las Termas, dos fines de semana. Allí fue mi debut real, con Gustavo de Souza (que había tocado con Podazza en Los Truenos), Rody y  Jorge Ortega (actualmente toca jazz). Me acuerdo que me estaban pasando los temas en el camión en el que íbamos; un amigo baterista, Federico Selis, me había prestado un bajo (que tenía 3 cuerdas) Sumado a esto, después se me cortó una, así que estuve tocando con 2 cuerdas (risas) Hacíamos Rock de la mujer perdida de Los Gatos, temas de Creedence…Pero a pesar de todo nos fue bien, me empezaron a considerar como bajista. Durante el resto de ese año (1974) tocamos en el ex Aeropuerto Benjamín Matienzo, en la confitería. Ahí gané dinero para comprarme mi primer bajo, un HAGSTRÖM (muestra una foto): el debut de la banda, con Rody, Luis D’Orieux en batería  y Carlos Minniti (un fanático acérrimo de Spinetta). Yo tenía un equipo Robertone, todo un clásico. Las bandas tocaban sin sonidista: tiraban los equipos, y el privilegiado era el que tenía el equipo de voces. (Hablando de la foto): esto ocurrió en la Biblioteca Sarmiento. Allí usamos un piano de cola y nos decían “Cuidado que lo tocó Arthur Rubinstein”. Ese recital estuvo repleto de gente, el 27 de diciembre del ’74. Una semana antes, Trícupa no había metido mucha gente, pero ellos venían de tocar mucho. Después en el ’75 tocamos en el Instituto Técnico, pero ya a Rody lo habían llevado a hacer el Servicio Militar, y ese fue el fin del grupo.

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EB: ¿Cómo sigue tu carrera desde ahí?

En el ’75 me engancho para tocar con los hermanos Pancho y Carlos Trejo, con Mandrágora, y hacíamos covers, principalmente de Santana, ya que el baterista, Mariano Yalour, era todo un experto en esos ritmos y en jazz. Con ellos nos fuimos a tocar a los carnavales de Jujuy en 1976: como no existían djs, teníamos que tocar desde las 10 de la noche hasta las 5 de la mañana; fue la única vez que gané mucho dinero haciendo música: volví con regalos para todos, me compré el (bajo) Rickenbaker y me sobró para vivir como playboy durante 9 meses. El Rickenbaker lo conseguí a través de alguien que tenía una novia azafata, ya que en ese momento no era fácil acceder a instrumentos importados. Aquí en Argentina solamente tenían ese bajo Machi (de Invisible), el bajista de El Reloj, el de Espíritu (Claudio Martínez)y Camilo Diesi (bajista de OM)…y yo, ¡así que me sentía importante! (risas)

En el ’74 mis compañeros de colegio me pagaron para que viaje a Buenos Aires a contratar a una banda importante; queríamos hacer un recital grande para recaudar fondos para ir a Bariloche de fin de curso. Yo llevaba aparte una carta de la Dirección de Cultura, pero cuando llegué no me daban bola porque tenía 17 años. Finalmente Litto Nebbia me dio el teléfono de Rodolfo García, y ahí contratamos a Aquelarre, que tocó en el Club Caja Popular el 13 de setiembre. Como yo era fanático de Trícupa, incluí en el show a esta gran banda tucumana. Tengo grabados los dos conciertos (busca en su computadora y pone a sonar). También conseguí un grabador de 4 pistas, que era auspicio de “Grabacentro”, un negocio de música y tecnología. Pusimos 4 micrófonos ambientales, y salió bastante bien (suena la histórica grabación). Tiene un sonido de órgano clavinete, típico de Aquelarre. De ahí mi amistad con ellos: Héctor Starc, Rodolfo García, Emilio del Guercio…se improvisaba mucho …Como salió un éxito, muchos me veían como organizador de recitales. En el ’76 fue la última reunión de Trícupa, con Rody Castro, que había hecho una obra conceptual con temas de La Piedra, y eso se presentó el 19 de noviembre de ese año en el cine Plaza; fue el primer recital que se hizo en Tucumán con sonidista. Trícupa tenían entre ellos una relación de amor/odio; cuando terminó el recital, se desbandaron.

E.B. : Y ahí surgió el germen de Redd ¿No?

Exacto. El 7 de enero de 1977 estábamos en el Palacio de los Deportes del Parque  de Julio viendo La Máquina de hacer pájaros, y Juan Escalante me propuso tocar juntos. Luis Albornoz se había ido de vacaciones siendo guitarrista de Trícupa, y cuando volvió se dio que no existía más la banda, y daba por descontado que sería guitarrista de Redd. La primera meta fueron como siempre los bailes de carnaval. Juan quería meter vientos, pero  no funcionaron. Un buen día nos damos con que estábamos los tres solos, y nos pusimos a zapar sobre “Come together” (re menor) y derivó en “Reyes en guerra”; desde ahí no nos importó más ni los bailes de carnaval ni los vientos (risas). Los meses siguientes nos pasamos componiendo y ensayando.

E.B: ¿Cómo fue el debut de REDD?

El 10 de junio del ‘77 apareció alguien que estaba organizando un recital de Spinetta en Club Caja Popular, y quería a Trícupa para abrir el concierto. No encontró a Trícupa: encontró a Redd. La gran anécdota previa fue el accidente en el cual a Ricardo Gandolfo (el letrista) se le cae la guitarra, de punta, luego Luis dice: “al fin de cuentas era solo una guitarra”. Diez días después teníamos que tocar; no existía en Tucumán una guitarra de ese calibre. La llevó a un luthier pero nunca lograron recuperar del todo su afinación. Sin embargo, “Tristes noticias..” fue grabada con esa guitarra. Luis se hizo canchero para afinarla durante los shows.

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EB: Contanos del proceso que fue grabar “Tristes noticias del Imperio”

Lo grabamos en abril de 1978 en el mismo estudio en donde se había grabado “La ópera Sudamérica” de Arco Iris, los primeros discos de León Gieco, entre otros. Jorge Da Silva fue el ingeniero de grabación, un groso.  Pero a mí me parecía corto el disco; en agosto fuimos a Buenos Aires con Luis, y él compró la guitarra Les Paul negra. Inmediatamente salimos de comprarla y nos metimos en el estudio a grabar “Kamala II”; metimos guitarras acústicas, Da Silva metió cintas al revés, y yo aporté teclados al tema. En total habíamos gastado 19 horas para grabar y mezclar todo el disco, ¡un récord!  Existen también un par de temas inéditos de esa época, bien “floydianos” (los pone a sonar). Mucho después vendría la grabación de “Cuentos del subsuelo”, el cual nunca llegó a editarse. Pero eso es otra historia.

Una llamada telefónica marcó el momento de la despedida. Esteban se iba a reunir con alguien para empezar una vez más con un proyecto nuevo, para continuar con su vocación. Por un instante se pareció mucho a aquel pibe que con toda la ilusión del mundo, cuarenta años atrás,  daba inicio a tantos recuerdos y vivencias dentro del rock, no solo nacional, sino también internacional. Pero eso es otra historia. ¿La continuamos?

Por Homero A. Sánchez  – 7 de noviembre de 2013

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Entrevista a Luis Albornoz : “La historia de REDD es la historia de sobrevivientes”

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luis albornoz (Fotografía: Ainhoa Cormenzana Mendez)

Luis me recibe  en el patio de su hogar con la sencillez que lo caracteriza;  familiero, contador de profesión, músico de alma; carga con más de 40 años de rock y muchas vivencias sobre sus espaldas. Su relato para este reportaje (más de dos horas) transcurrió entre copas de vino y una breve visita guiada a su museo propio de guitarras . Música, recuerdos, política, espiritualidad. Lo que sigue es un resumen de tan provechosa nota. Espero la disfruten tanto como yo al hacerla. Bienvenidos al mundo Redd

 

Pregunta:  Contanos acerca de la gestación de Redd y cómo se origina el proceso que termina en el disco “Tristes Noticias del Imperio”

Luis Albornoz: Redd comenzó un poco de casualidad. Antes de 1978 habíamos trabajado con Juan (Escalante) en (la banda) Alborada y hacíamos covers de Paul McCartney y temas nuestros. Yo venía de tocar en Trícupa (BA Rock 1972 fue uno de nuestros puntos más altos) Escuchábamos mucho la fusión entre jazz y música india como Shakti y John MacLaughlin and Mahavishnu Orchestra. Unas vacaciones que yo no estaba “el Gordo”(Esteban) Cerioni se pone en contacto con Juan y le “hace la cabeza” para que toquemos los tres y lo mismo hizo conmigo; él fue el gestor de todo ; siempre fue muy visionario. A mi regreso me sumo al grupo y empezamos a trabajar, primero jugando, zapando, luego componiendo. Ensayábamos mucho: 3 veces a la semana, 3 horas por sesión, en la terraza de la casa de Juan. Antes de grabar ensayábamos ya todos los días. Trabajábamos con un gran equipo: Ricardo Gandolfo era el letrista: nosotros grabábamos la música en cassette y se la pasábamos para que le escriba la lírica justa que encajaba. En esa época también colaboraba Eduardo Joaquín y Sergio Tomati, que eran artistas plásticos y diseñaron todo el arte de nuestros LPs. También formaban parte del proyecto Gabriel Fulgado como productor, Luis Misenta en sonido. Eramos un gran grupo, había solidaridad y camaradería. Compartíamos música, libros, largas noches de charlas; eramos todos relocos pero buenos tipos. Había gran inquietud intelectual, mucha bohemia. En las puestas de nuestros recitales había una gran producción, con proyecciones, luces, etc.

Grabamos en Buenos Aires (aquí no había estudios de grabación, ni en Córdoba) en Casa Netto, el estudio del gran Jorge Da Silva, cuyos trabajos con Piazzolla le daban renombre internacional (incluso lo contratan de Japón más adelante.) El tipo era un genio, “pinchaba” las cintas y corregía errores cortándolas físicamente con una gillette (risas); era un cirujano.  Al disco lo teníamos ensayado de memoria, con decirte que demoramos tan solo 20 horas de estudio en total (el récord anterior era de Vox Dei que había grabado en 24 horas). Casi todo el disco se hizo en la primera toma, algo increíble. Yo grababa las guitarras rítmicas y en la misma toma hacía los solos, no lo grababa después.

Yo ya en esa época trabajaba en la (empresa) Scania, cuando mi jefe me muestra una nota central a doble página que había salido en Clarín comentando este disco y que incluía la letra de Tristes Noticias…(que a nivel político era la letra emblemática de Redd) No lo podíamos creer. Página 12 también hizo artículos sobre nosotros en los ‘80. Tendríamos que habernos ido a instalar allá, aguantar el hambre un tiempo y empezar una carrera, jugarse, como hizo León (Gieco), y tantos otros. Pero yo empezaba a formar mi familia aquí en Tucumán, igual Juan que ya tenía a su hijo…pero eso es otra historia.

Volviendo al disco, casi todos los temas son míos excepto “Matinee” que salió de una obra de teatro, “Calígula”, cuya música había compuesto originalmente Juan. En menos de un año de haber formado Redd, ya teníamos un disco editado. Cuando volvimos de grabar y nos bajamos del tren, traíamos el cassette y nos fuimos a hacerlo escuchar a todos nuestros amigos. Fue inolvidable, ni siquiera volví a mi casa hasta tarde (risas). Mucha emoción, alegría, luego lágrimas, que compensaban tanto esfuerzo. Gustó mucho. Luego ese material fue escuchado en Europa cuando viajó Cerioni, no lo podían creer y fue reeditado en Italia y Brasil. Nuestro debut fue con Spinetta. Hoy es considerado un disco de culto.

P: ¿Cómo se vivía en ésa época la dictadura, la censura, las cosas que pasaban? Contame tus vivencias de ese período y cómo se hacía para “sobrevivir”

Clarín en esa época era un medio independiente, era un medio donde vos podías “deslizar” mensajes. Existían también revistas especializadas de rock como “Expreso Imaginario”. Los tipos eran muy hábiles: te mezclaban literatura de Walt Whitman y grandes clásicos con lo que decía Fandermole o Gandolfo. La revista “Humor” hacía eso y en el medio metía comics y caricaturas de los militares, pero no era ofensivo. Estaba Dolina, entre otros. Claro, de esa manera podían zafar de la censura. Era gente que militaba de manera expresa pero siempre guiados por la gente de la redacción. Pero lo que no había que hacer era parar de producir. Esa continuidad de la creación, esa especie de máquina subyacente en la que no existía clase social, ni intereses económicos; era la transmisión de esto, que era libre. De lo que se trataba era de que se transmita. Había toda una empatía en cuanto a pensamiento.

Con respecto a las Fuerzas Armadas, no tenían ningún código de procedimiento. El militar es verticalista: “Lo dijo el General” Una anécdota: Luis Albaca (baterista de Los Sabuesos, banda tucumana de los 60) fue guerrillero, tuvo enfrentamientos con el Ejército (luego se exilia en Suecia, ayudado por un tío). Mi padre era dirigente peronista que luego fue echado por el partido; así aprendí cómo funcionan las corporaciones: sindicales, militares; de allí surgen los “dirigentes” poco preparados, que continúan hasta el día de hoy. Pero los músicos aprendimos a movernos en el pantano, con muy pocos recursos, de una manera sorprendente. A mí y a Redd nos ayudó mucho el hecho de que pertenezco a Scania, éramos en cierta manera protegidos;  gracias a Dios nunca tuvimos a ningún integrante “en cana”. Trícupa si. A Roberto Giambastiani lo tuvieron un mes (preso). Un día me contó todo lo que vivió, las torturas, y terminé llorando. Digo: ¿Por qué? ¿Por qué así? Que es algo que la gente de mi generación nunca entendió. No hacía falta masacrar a familias enteras para cumplir con el rito stalinista de la “Solución Final”. Cuando te decían “Che, ¿qué sabés de fulano? Dejó de aparecer por la facultad, no se lo ve” En esos años, no entendíamos qué es “desaparecer”. La gente viaja, se traslada, pero no “desaparece”. Eso viví yo. Por la edad que teníamos los Redd, eramos contemporáneos de los militantes universitarios. La gente que venía con la revolución en la mano, que venía más “jugada”, era un poco mayor que nosotros (Vox Dei, Spinetta, etc) Juan, Oscar Imhoff y yo hicimos la colimba juntos en el 73;  éramos de la misma edad. En el 72 tocamos en BaRock, ovacionados; artísticamente, nuestra ausencia en el 73 nos mató. En 1974 ya nadie se acordaba de nosotros. En BaRock del 72 junto a Vox Dei fuimos las  dos únicas bandas despedidas por las 25.000 personas presentes de pie y con pañuelos blancos.

P: ¿Qué pasó con  Redd después del primer disco?

L.A.: Empezamos a trabajar para el segundo álbum, ya en 1978. Componemos todos los arreglos y en un momento tengo un problema con Juan. Él era mormón, estaba muy metido en la Iglesia y tenía contradicciones filosóficas con la banda, especialmente un día que surgió una controversia por un tema que compusimos que tenía algo relacionado al diablo en el título. Deja la banda y teníamos ya pautadas las horas de estudio, entonces nos acordamos de Oscar “Pájaro”  Imhoff, con quien habíamos compartido otras veces escenario con Trícupa como en el teatro Santa María del Buen Ayre (también había cantado en Los Fantasmas). Es entonces donde entra Marcos Pusineri (en batería) y “Pollo” Raffo en piano. Vamos a Buenos Aires a grabar y sale “Cuentos del subsuelo”, para mí el mejor disco que compuse en 40 años de carrera. Oscar estaba viviendo en Buenos Aires y cantaba con Las voces del Norte (folklore), le costaba entrar en el estilo de la banda. Ensayábamos en casa de Pusineri, tenía una aislación increíble y super equipada. Ahí dejamos de ser tres y el teclado cambió mucho la estructura. El rol de la guitarra en trío era distinto al que tuvo después. Seguíamos trabajando con gente de mucha calidad: Raffo siguió luego trabajando en Estados Unidos, trabajó con Soda Stereo y Pusineri tocó con Baglietto, Divididos y muchos otros; tipos “picantes”, grandes amigos además. Imhoff tuvo su “gran” álbum en el segundo álbum de Redd, que nunca más lo volvió a tener con sus otros proyectos posteriores. Volvimos a grabar con Da Silva pero en un estudio mucho más “grosso”. Recuerdo estar con las luces apagadas, cada uno manejando su perilla en la consola en el momento justo: así fue la mezcla de aquél álbum. Para filmarlo. La historia de Redd es la historia de sobrevivientes. Es la historia de náufragos que se encuentran en una playa y dicen “Estamos vivos….y ahora qué hacemos?” Nuestra historia es “cuando nada era en un principio” y una de las grandes deudas es no haber seguido trabajando con material nuevo que se vaya adecuando a los nuevos tiempos. Lo hicimos posible durante diez o quince años, pero no pudimos mostrar, sobre todo a los pibes que vinieron después, de que es posible sustentar esto.

P: ¿Qué opinión te merece la situación actual en el país? ¿Cómo ves a la juventud, al futuro?

L.A.: Tengo una idea de que la educación debería ser un intercambio de experiencias entre profesor y alumno. Con la meditación de Maha Yoga aprendí que uno está siempre en la búsqueda, llámese espiritual, intelectual, etc. Cuando nosotros tengamos el 50 por ciento de chicos “enchufados” en esa búsqueda, seguro el país irá en camino correcto. Porque esa búsqueda es “nuestra” búsqueda. Hay una conciencia, uno la vive diariamente porque está creando. Nadie es pelotudo porque “piense cosas raras”, al contrario, es mejor que piense cosas raras. Ese es mi concepto de educación. Si en esos años hubiese tenido un gran profesor de guitarra académica, hubiera sido otra cosa. Pero hay opciones que nunca las pude disfrutar. Hoy tenés Berkeley, pero cuando yo arranqué (salía el disco Revolver de los Beatles para que te des una idea) Berkeley no existía. No es reclamo personal, no me interesaría ser director de orquesta. El tema de las oportunidades, un tema tan discutido, y vos decís: ¿cuál es el éxito social de un país? Es la igualdad de oportunidades. Y eso es algo que en la sociedad argentina hay que organizarlo. Todos los residentes en el exterior es lo que están esperando de nosotros. Y a mí me entra así, y yo debería haber resuelto eso. Soy de la generación que estaba para resolver cuestiones, y por eso cuando pronto me retire de mi trabajo, además de la música, me gustaría poner en práctica eso que tengo en la cabeza, no sé si es política, es ayudar,  antes de irme de este mundo. Es algo que tengo pendiente. Por las cosas que uno lucha son las cosas que uno cree, como Redd, como el rock progresivo, los proyectos, la familia, estar convencido de lo que uno hace; pero es un trabajo constante, hay que meterle día a día, sembrar para cosechar los frutos.

Quiero agradecer a “La Imberbe” por esta oportunidad de expresarme y llegar así al público joven y a las bandas de Tucumán.

Redd “Tristes noticias del imperio” (1978)

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REDD   “Tristes Noticias del Imperio”

Embebido en la inspiración de una larga genealogía de bandas progresivas, los  tucumanos Redd plasman en su ópera prima todas estas influencias y  ofrecen una obra conceptual dinámica, plena de matices y con altas dosis de virtuosismo.

El inicio con “Reyes en guerra” es ya un desafío para el oyente: rock duro con ritmos sincopados y momentos de calma con melodías vocales marcan la tendencia de lo que vendrá. Teclados de estilo Mellotron llenan de manera magistral los pasajes más suaves. La estrofa “Sol en la playa, me verá pensar cuándo acabará la muerte” parece dolorosamente contemporáneo al Tucumán de la dictadura genocida. “Kamala II” es un instrumental íntegramente orquestado por las guitarras acústicas de Luis Albornoz que aparecen y desaparecen plenas de sonoridad. ¿Qué decir de la base rítmica Cerioni-Escalante? Sencillamente superior, como en “Kamala”, el instrumental que sigue o “Nocturno de enero”, en el cual el piano despunta enriqueciendo el sonido, para dar continuación a riffs afilados y cambios de estructura en la composición. “Matinne” es uno de los mejores momentos: tintes jazzeros de batería con escobilla, guitarras slide y poesía urbana embellecen una gran canción con su solo de guitarra eléctrica final entre épico y nostálgico. El tema que da título al disco tiene el formato clásico del rock sinfónico: sintetizadores que revientan, ritmos complejísimos y una sensación de vértigo llenan el ambiente sonoro en un tema que se desarrolla en etapas. Completan (en ediciones posteriores) tres temas en vivo: el mismo “Tristes noticias…”(rebautizado “Parche armónico”), “Después de un mes”(con ciertas limitaciones sonoras dada la baja calidad del registro, aunque es un tema magnífico), y por último, “Kamala III” cierra la trilogía con la magia de su guitarra acústica de 12 cuerdas ante un auditorio agradecido.

Las letras son poesías de Ricardo Gandolfo, compuestas exclusivamente para la banda.

Cerebral como pocos, lejos de los parámetros comerciales del rock actual, el valor de “Tristes noticias del imperio” es tanto histórico como conceptual: es el primer disco grabado por una banda de rock tucumana y el registro de una época en la cual la música podía ofrecer cierta luz de esperanza en la turbulenta realidad. Artísticamente es impecable, inspirado; un clásico que merece ser redescubierto especialmente por sus comprovincianos y todo aquel que piense que el rock también puede ser considerado arte.

Esteban Cerioni: bajo, sintetizador y coros; Juan Escalante: batería, percusión, piano, sintetizador y voz ; Luis Albornoz:  guitarras eléctricas y acústicas y coros; letras: Ricardo Gandolfo